El recuerdo más claro que tengo sobre la escritura es de mi etapa de estudiante de segundo de secundaria. Curiosamente no tiene que ver con la materia de español, o alguna relacionada con la lengua, sino con la clase de música. El maestro de esta clase, semana con semana, nos ponía una grabación de alguna historia relacionada con la música. Terminada la clase nos dejaba como tarea hacer un resumen de lo que habíamos escuchado. Recuerdo particularmente una donde se narraban las características de varios instrumentos. Cada uno de ellos era un personaje y tenía una voz que le daba vida. Así pues, una de mis mejores tareas relacionadas con la escritura fue el resumen de esa clase, en la que aprendí que la guitarra y el piano son instrumentos de cuerda, la flauta y la trompeta de viento y los timbales y la marimba instrumentos de percusión.
Ahora que lo recuerdo, hubo otra materia donde destaqué con mi escritura; la materia de civismo. En una ocasión, no recuerdo el motivo (quizá porque mi familia estaba involucrada con el tema) me tocó realizar una exposición sobre el Esperanto, un idioma internacional inventado por L. L. Zamenhof, de origen polaco. Además de la exposición tuve que entregar un trabajo escrito con lo que comenté en clase.
Como puede verse, ninguna de las dos clases tiene relación con las materias de español, materias que en realidad padecí durante toda la secundaria, pero de las que evidentemente algo aprendí, ya que tanto en música como en civismo saqué 10 de calificación en mis escritos.
Pasaron un par de años y, en un impasse entre la secundaria y la preparatoria, estuve asistiendo a una asociación civil en la que participaba en algunas actividades y tomaba algunos talleres. Entre ellos había uno de lectura y redacción. Fue cuando realmente adquirí el gusto por el español (no el de la escritura) y cuando mejor aprendí de reglas gramaticales y ortográficas. Tengo muy buenos recuerdos de aquellos momentos y de la maestra Ivette Couturier. Era yo el más chico de su clase (de edad y de estatura, jajaja).
Durante la preparatoria nunca escribí, ya que la realicé en el sistema abierto y, durante la universidad, mis trabajos escritos eran más resúmenes que ensayos. De hecho siempre me costó trabajo redactar algún ensayo. Siempre terminé escribiendo resúmenes de lo que leía. Así que ¿cuándo aprendí realmente a hacer un ensayo? Hace un año apenas, en la clase de español 1 de la UAM Cuajimalpa, una vez que entré a la MADIC. Aunque he tenido que realizar todo tipo de escritos durante mi carrera profesional, éstos siempre han sido más de tipo administrativo o técnico. Así que la elaboración de ensayos siempre ha sido mi gran debilidad, hasta ahora. Gracias al proceso que he llevado este año, he adquirido un nuevo gusto por la escritura académica.
Todavía queda un camino por recorrer en la MADIC y habrá que entregar el trabajo final para la ICR, por lo que será necesario seguir aprendiendo acerca de la escritura académica, además de poner en práctica lo aprendido. Por otro lado, y para terminar, desde el punto de vista informal, formo parte de una asociación de oratoria (Toastmasters), en la que, como práctica, hay que realizar diferentes tipos de discursos. Hace tiempo que no asisto a alguna de sus sesiones, pero ya entrados en calor, espero retomar pronto esta actividad.
Raúl Monroy Nájera

Comentarios
Publicar un comentario