Honestamente, no recuerdo cuál fue el primer escrito que hice. El escrito más antiguo que hice que viene a memoria fue una carta dirigida al Ratón de los dientes en donde le solicitaba dinero a cambio de uno de los dientes que se me había caído, pues yo consideraba que lo merecía, ya que, según mi perspectiva, me había portado bien. Aparte de eso, no poseo ningún recuerdo relacionado con el momento en que aprendí a escribir. No recuerdo quién me enseñó ni si fue fácil o difícil pasar por el proceso de alfabetización. Cuando estaba en la primaria, me enseñaron a escribir en letra cursiva. Recuerdo que a la mayoría de mis compañeros les costaba mucho trabajo aprender a escribir con ese tipo de letra, no obstante, a mi se me facilitaba mucho, al grado que muchos de mis maestros me decían que tenía muy bonita letra cursiva.
Después de que salí de la primaria, nunca más volví a utilizar la letra cursiva para escribir. De vez en cuando, si estoy aburrido, escribo cualquier cosa en letra cursiva, solo para comprobar si aun tengo bonita letra o no. La verdad es que ya quedaron atrás los tiempos en los que podía escribir “bonito” pues ahora ni la letra cursiva, ni la letra imprenta.
Pasados los 20 años, cuando entré a la universidad, la verdad es que no era una persona que cuidara mucho su redacción y ortografía cuando escribía. Ya sea en redes sociales, e incluso en escritos que debía entregar como trabajos finales en alguna materia, no me preocupaba mucho por mi forma de escribir. Sin embargo, cuando llegó el momento en el que me enfrenté al proceso de realizar una tesis de
licenciatura, tuve que cambiar mi visón respecto a la ortografía y la redacción.
Durante los casi 3 años que estuve escribiendo mi tesis, aprendí, por las buenas y por las malas, a escribir de una forma más clara y ordenada, lo cual me ayudó mucho para poder titularme. No obstante, admito que aun no manejo al 100% todas las reglas de ortografía y puntuación. Particularmente, encuentro difícil el uso de las comas o el de los dos puntos.
También quisiera mencionar que, gracias a una materia que cursé en la carrera que se llamaba Psicolingüística de la escritura, me fascinó el fenómeno de la escritura. El maestro que impartió ese curso hizo que reflexionara muchas cosas que antes ni siquiera se asomaban por mis pensamientos. Cuestiones relacionadas a cómo es la escritura de los niños cuando están aprendiendo a escribir, cómo es el pensamiento de las personas adultas que no saben leer ni escribir, o el hecho de que en tiempos más remotos la escritura era una profesión que no cualquiera podía desempeñar, todos estos asuntos cambiaron mi modo de ver las cosas, y nació en mi un profundo interés por estudiar temas relacionados con la escritura a cualquier nivel.
Por último, es importante para mi decir que la escritura, de ahora en adelante, va a formar una parte importante de mi vida. Es por eso que decidí participar en el proyecto del Centro de Escritura de la UAM, ya que creo que es un lugar donde uno tiene la oportunidad de seguir mejorando su forma de escribir y al mismo tiempo, ayudar a otros a hacer lo mismo. Estoy muy agradecido con la gente de la UAM que me ha abierto las puertas para poder participar en este gran proyecto.
Aldo Hernández Zúñiga

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