Pospuse durante mucho tiempo mi visita a la exposición de las Relaciones Rotas, montada en el Museo del Objeto. Quizá lo hice obedeciendo a la negación de tener que despedirme de alguien. Cuando escuché el título de la exposición de inmediato pensé en una relación amorosa de pareja. Lo sorpresivo para mí fue darme cuenta de lo limitante de mi definición, pues con la exposición descubrí que las relaciones amorosas también son las de amistades, familia o la que se tiene con una actividad apasionante.
La mayoría de las historias sí hacían referencia a una relación de pareja. Creo que es un concepto general asociado a ese ámbito alimentado por el discurso de amor romántico. Me afligió conocer los casos de violencia experimentados bajo ese efecto. La historia de una chica resonó conmigo. Su objeto era una escoba, la cual fue lanzada hacia ella en un arranque de ira por parte de su novio. Bastó solo esa acción para que decidiera salir de su relación. Supongo, entonces, que la despedida no sólo es hacia una relación particular sino también a los mitos/creencias sobre lo romántico.
Otras despedidas de pareja buscaban resignación. Se trataba del caso de las relaciones que se van deteriorando con el paso del tiempo, aunque no por falta de amor. A veces, la vida nos hace enfrentarnos a encrucijadas y tenemos que decidir: ¿persigo mi sueño o me quedo con [...]?, ¿qué debo querer? “No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna… (el ser humano) vive solo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores”1.
Tomar decisiones, vivir con las consecuencias de estas y perder el control de la vida duele… pesa. Entonces, las personas expresaron su historia como un lenitivo para sus emociones. Cuando leí sus historias deseé que sus palabras llegaran a la otra persona involucrada ya que era sus disculpas, lo siento, y sus despedidas, adiós.
Los casos de las despedidas familiares estaban permeados por toda esa carga emocional que supone un duelo por muerte. Recuerdo con claridad un caso. Se despedía de su bisabuelo de esa forma porque no tuvo la oportunidad de verlo, oírlo o abrazarlo una última vez, la pandemia lo alcanzó. También le fue arrebatada la oportunidad de realizar un ritual de despedida común. Los dos metros de distancia se volvieron soledad. Sentía que al compartir su historia con otras personas, anónimas y afines a la vez, saciaría su necesidad caducada de compañía. Adiós, (bis)abuelo.
También leí sobre cómo se rompió una relación de camaradería. La persona relató que tenía muchos años de amistad con su grupo de amigos, pero un mal día descubrió que ellos hacían actividades a parte, sin ella. Saberse excluida le destrozó el corazón. Al final los perdió, la perdieron. Son poco nombrados este tipo de casos, por eso cuando ocurren se vuelven muy desafiantes y solitarios.
He transitado por cada una de las rupturas mencionadas así que aproveché ese momento para develarme y despedirme.
Sughey Lozano
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1 Milán Kundera, La insoportable levedad del ser.

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