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Mi nombre es Eder y esta es la autobiografía sobre mi escritura

 Desde pequeño, nunca me gustó estudiar ni leer porque vengo de un pueblo donde la principal actividad era la siembra y la cosecha de maíz, además del cuidado de animales como pollos, puercos, borregos y patos. Por lo tanto, después de la escuela, mis hermanos y yo pasábamos mucho tiempo en el campo y sólo en las tardes por presión de nuestra madre, hacíamos tarea con los libros de texto, pero había muy poco interés por el estudio.   

Disfrutábamos mucho de jugar al fútbol, ensuciarnos en el lodo y mojarnos con el agua de la presa, esto era mucho más divertido que hacer las aburridas tareas de la escuela. Además, pasábamos mucho tiempo cuidando a borregos en compañía de nuestros perros y esto era para nosotros muy entretenido y consumíamos todas nuestras energías en ello. Relacionado con la lectura, lo único que nos demandaban hacer era recitar pasajes bíblicos, pero muy poco y de vez en cuando. Esto implicó que desarrollara muy pocas habilidades en la escritura, la lectura y en mi propio intelecto. Esta forma de vivir se mantuvo hasta el término de la secundaria.

Al entrar a la preparatoria, me mudé con mi familia a la ciudad, pero las cosas no cambiaron mucho, seguía un poco detestando la lectura, la escritura y el estudio en todas sus dimensiones. A mi madre le hacíamos pasar muchos corajes porque no nos podía controlar en el pequeño cuarto de cuatro por cuatro que consiguieron para nosotros. En realidad, no estábamos acostumbrados a estar encerrados, y mucho menos a estudiar ni a leer o escribir. Recuerdo que solíamos escaparnos de casa frecuentemente, siempre en busca de nuestra antigua libertad y nuevas aventuras. 

No fue hasta finales del tercer año de preparatoria, cuando por obligación para aprobar la clase, que un profesor nos hizo leer el libro del Anticristo, escrito por Nietzsche, que me enfrente verdaderamente a un texto. Con pesar inicié. Sentía como un látigo me flagelaba, imaginaba una cruz sobre mi espalda que me lastimaba en el proceso, pero lo logré. Con el cuerpo cansado y con las rodillas ensangrentadas por el recorrido, terminé el libro, no obstante, y a pesar del calvario, el texto me cambió la vida para siempre.

Leí semejante mamotreto de unas 60 páginas en dos meses. De hecho, fue el primer libro que leí, y sin embargo me cambió la vida. Digo que me cambió la vida, porque como narré antes, mi familia es muy devota al cristianismo y en este sentido mi cosmovisión se reducía a los paradigmas que se enseñan en el catolicismo. Nietzsche me liberó.

Actualmente, aunque me puedo pelear con dicho autor y disentir en su muchas de sus propuestas, en ese momento, fue una bocanada de aire fresco para mi cristiana forma de pensar, en cierto modo las palabras del autor se convirtieron en las mías, en la nueva versión de la palabra santa. Me pareció que mi vida tomó un nuevo rumbo. Sentí que podía escribir y ser como Nietzsche, por lo que, con súper esfuerzos, me compré otro libro de él que hablaba sobre Zaratustra; sin embargo, no tuvo el mismo efecto que el primero.

Por otra parte, mi familia entraría en serios problemas económicos y mi situación personal fue impelida para trabajar y así poder solventar gastos. Esto implicó abandonar mi interés por querer escribir como aquél filósofo. De aquí en adelante, me olvidé del estudio y me enfoqué en mi trabajo y en ayudar a mi familia que pasó por una situación muy difícil. Después la situación económica se atenuó un poco, y como ya me quedaba algo de dinero de mi sueldo, comencé a comprarme mis cosas. Eran cosas banales como una televisión, ropa, videojuegos, etcétera, pero jamás un libro. De esta manera seguí trabajando, olvidándome por completo de la lectura y la escritura.

En dicho trabajo laboré 8 años hasta que en enero de 2016 tuve un problema sindical junto con unos compañeros, y como oveja al matadero, los seguía consecuencia fue nuestra salida por órdenes del patrono. En otras palabras, por revoltosos, nos echaron. En ese momento fue trágico porque dediqué 8 años de mi vida al crecimiento y formación laboral en ese lugar. No obstante, si no hubiese salido de ahí, jamás hubiese entrado a la UAM-C.

En aquel momento de desolación por haber perdido mi empleo, me sentí el ser más despreciable e insignificante de este planeta. Esto porque mi cosmovisión había cambiado, esta se reducía al trabajo, comprar cosas y descansar. Sin embargo, después de una larga reflexión de mi situación existencial sobre la tierra, me armé de valor y me decidí a cumplir aquel sueño fallido que despertó en mí el libro de Nietzsche. Buscando opciones y con la tranquilidad que deja una liquidación de 8 años de laburo, me puse a buscar.

Como anillo al dedo encontré la carrera de Humanidades en la UAM-C. Tenía todos los requisitos que yo buscaba: tenía la carrera, tenía cercanía a mi domicilio, y sobre todo, era una institución pública. Entonces hice mi examen y me quedé. De ahí en adelante fue un dolor de cabeza porque para cada tarea, trabajo, examen o ensayo, debía escribir. Empecé con una tronadera de materias y mi kardex que comenzó siendo una lombriz que abarcaba 5 celdas de Excel, conforme pasaban los trimestres, se iba convirtiendo en un serpentear de una víbora más grande que iba tomando posesión del módulo de información escolar, además de varias N/A que se iban acumulando.

Honestamente y sin mencionar nombres, un par de profesores me comentaron que a lo mejor me había equivocado de carrera. La verdad sí lo pensé, pensé en abandonar la carrera. No obstante, otros profesores me alentaron a seguir e hicieron comentarios muy positivos. Algunos de ellos me insistieron en acudir al CEA y gracias a aquellos consejos, pude mejorar mi escritura y retomar el rumbo del camino que ya había comenzado a perder.

Posteriormente, tras llamadas de atención y reprendas sobre mi escritura, fui mejorando y con el pasar de los trimestres me hice más hábil al escribir y argumentar. Noto como mi escritura ha evolucionado, antes mis ensayos recibían fuertes críticas con respecto a mi escritura y ahora las críticas tratan del sentido del argumento que llevaban mis escritos, incluyendo que recibí de algunos otros profesores algunos elogios.

Diría que estoy enamorado de la escritura y me encanta discutir ideas a través de las letras. Tengo la intención de seguir formándome y he descubierto que aún no tengo todas las bases que anteceden y forman parte de un escritor. Parecía que el CEA me gritaba, ¡acá estoy, ven! Entonces se me ocurrió acudir con Gilmar y preguntarle si podía hacer mi servicio social en el CEA. Él, con toda la hospitalidad que caracteriza a las personas que conforman el CEA me dijo que sí. Empero, había que pasar por otro filtro aún más difícil que era la jefa de departamento, pero por supuesto, y con toda la amabilidad que la caracteriza, Carla también me dijo que sí. 

De esta forma, creo que aquel sueño que se despertó en mi adolescencia por haber leído un libro pareciera cumplirse de a poco. Tal vez no pueda ser un Nietzsche, un Marx, un Hegel, un Durkheim o un Aristóteles, pero ahora entiendo lo que se siente plasmar tus propias ideas a través de la escritura y que puedas entrar en la cabeza de otros por el conducto de la lectura.

Para terminar, recuerdo una frase de un autor liberal que decía que las ideas tienen consecuencias. Y una persona influenciada por medio de la lectura, que graba a fuego lo que esta le indica, tiene la capacidad de hacer lo que la escritura le dice. Así es como nos formamos, o nos deformamos en caso de que la escritura tenga otras intenciones. Pero la realidad es que la escritura es una herramienta poderosa que domina todos los espacios.

No existe espacio de interacción humana que no esté atravesado por el lenguaje. Y el lenguaje lo plasmamos por medio de la escritura en todas sus formas, le entendemos gracias a la lectura; por eso me fascinó el universo de la escritura, porque es tan poderosa como la vida misma. Ya Aristóteles decía que la palabra estaba para hacer patente cualquier cosa, y creo que no se equivocaba. Por estas razones quiero seguir formándome, estudiando, leyendo y escribiendo. Además, quiero enseñar a otros lo fascinante que es inmiscuirse en ese universo tan maravilloso que es el mundo de las ideas y que pueden ser cristalizadas en las muchas y diversas formas de nuestra escritura.



  

La Biblia familiar que mi madre y mis abuelos solían ponernos a leer.  

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