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Retrato incompleto

Escribo molesta porque nunca fui “perfecta”.
En este momento
abandono estas palabras
para ser la antítesis de aquella
retrospectiva ajena que se me inculcó.
 
Quiero dejar de creer que tengo flores del mal en mi cabeza.
 
Errante ante el espíritu de un ave,
miro todo desde su aleteo.
Mis ojos,
cuánta oscuridad habita en ellos,
tanta tristeza también.
 
Hoy soy la que ha vuelto en sí,
resistiendo ante el problema
de un despertar mental que toma de la mano
al espíritu hecho de fuego que poco levitó.
Ahí quedó, murió calcinado.
 
Cierro los ojos,
entonces detengo el horror.
Me miro al espejo,
no busco rasgos, sino sueños perdidos.
 
Leerme entre lunares,
cicatrices, heridas,
un manual para saber
cómo hacerme,
entonces así habitarme,
siempre con un genoma distinto al de ayer.


Vanesa Viviana Gómez Galindo



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