Con el tiempo mi cara ha evolucionado, mis rasgos han madurado y su forma ha cambiado conforme las etapas por las que ha pasado. Sin embargo, algo que siempre se ha mantenido son mis pecas, las cuales se encuentran en mis pómulos, no son una gran cantidad, pero puedes notarlas fácilmente. Mis pecas tienen vida propia, porque en primavera y verano se notan más, pero en otoño e invierno se aclaran un poco, como si tuvieran miedo del frío, o más bien, significa que debo cuidarme del sol porque el cáncer de piel no está de moda.

Estas manchitas cafés tienen muchas reacciones entre la gente, algunos las
quieren y otro prefieren no tenerlas, a veces se ponen de moda y otras veces es
preferible que no se noten. Y en mi caso siempre han sido mi rasgo favorito, sin
embargo, desde que tengo memoria, mi mamá ha sido parte de la población que
no las aprecian tanto. Ella también tiene pecas, pero la cantidad de su cara es
mayor y abarca todo su rostro, a ella siempre le ha molestado mucho que haya
heredado ese rasgo físico de ella. Mientras que, para mí, siempre ha sido el rasgo
más especial que compartimos, pues físicamente me parezco mucho a mi papá.
Mis pecas están en mi rostro, por lo cual siempre han sido capaces de observar el mundo desde mi punto de vista, pero al mismo tiempo han sido observadoras sin voz ni voto. Ellas han visto mis errores, mis aciertos, mis triunfos y mis derrotas, y sé que afortunadamente, estarán conmigo hasta el final.
Brenda Hernández
Comentarios
Publicar un comentario